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Año 2 | No. 10 | 2015.

| Restablecimiento de la conexión con el universo

En nuestro mundo y en nuestra realidad actualmente occidentalizada y sumergida en la globalización, mucho se ha vetado el uso de alucinógenos naturales, sin reconocer el proceso productivo e incluso creativo en el que se ven envueltas algunas personas que utilizan estas sustancias como un método de acercamiento hacia sí mismos y hacia el universo. Esto no quiere decir que todos debamos incluir esta práctica en nuestro haber cotidiano, es sólo que la información obtenida en la mayoría de las veces sólo muestra una cara de la moneda, olvidando incluso nuestras raíces, hablando del uso de los alucinógenos naturales, tan favorecidos por las culturas prehispánicas de Mesoamérica.

Por Itzel Santos | Diciembre 2015


Las cuales desde tiempo remotos, arqueológica y antropológicamente, se ha demostrado que eran de uso frecuente, aunque eso sí, no cualquiera podía tener acceso a ellas, ya que esta práctica se encontraba restringida para las altas esferas sacerdotales, quienes las utilizaban durante ceremonias religiosas, en donde las sustancias que contenían les permitía ponerse en contacto con sus dioses y no solo eso, sino restablecer la conexión divina con el universo, la cual olvidamos al nacer.

Estas prácticas de tinte místico espiritual  afortunadamente aún siguen vivas en algunos estados de nuestro país, como es el caso de San Luis Potosí, Nayarit, Jalisco y Guanajuato, en donde se preserva la práctica de consumo del peyote. En  Jalisco, entidad en donde se encuentra asentada la cultura Huichola, incluso existe una divinidad femenina, nombrada Hatzimuika, la cual ha sido  destinada para cuidado de esta planta cactácea considerada como un elemento sagrado.

El Peyote o como lo nombrara el antropólogo peruano Carlos Castaneda:  "Mescalito", es una planta que permite al ser humano  el alcance de ese otro nivel, mediante el cual se puede conectar con el universo en su más pura esencia, ya que la sustancia que proviene de esta planta provoca que los sentidos se agudicen al límite y que de este modo se pueda percibir el entorno de otra manera; eso sí, en su práctica de consumo estas culturas no se suben al tren sólo por alucinar, lo hacen para meditar, encontrarse y crecer; no por nada  es común escucharles decir  algo que reza más o menos como lo siguiente: "Así como el maíz es alimento para el cuerpo, el peyote es alimento para el alma".

Y hablando de sus repercusiones culturales, en la actualidad  encontramos diversas festividades en las entidades en las que aún le rinden culto, tal es el caso de Jalisco en donde del 1 al 30 de junio se lleva a cabo la fiesta dedicada Al Espíritu Hikuri, nombre con el que los Huicholes denominan al Peyote, en esta verbena podemos encontrar amplia variedad de gastronomía típica del estado y diversas danzas folclóricas, entre las que no podría faltar la dedicada a “Mescalito”.

O que tal la ceremonia que se celebra cerca de Real de 14, en el desierto de San Luis Potosí, en donde año con año, por los meses de diciembre y enero, los Huicholes, después de  un peregrinaje de 40 días, llegan al Wirikuta (desierto) y representan la cacería del Venado, entidad física que según su cosmovisión se asocia al espíritu del Peyote y que se lleva  a cabo para rememorar su bondad para con el pueblo Huichol, al que alguna vez alimentó y no dejó morir de hambre, ni de sed y después de “cazarlo”,  retornan a sus asentamientos con muchas de estas cactáceas, para llevar a cabo la fiesta y ceremonia en donde convidan a todo el pueblo un poco del espíritu de “Mescalito”, para que así, en comunión, seguir fortaleciendo el alma y la vida.

Pero en  México no sólo podemos encontrar Peyote, también existen otras plantas, raíces u hongos destinados al auxilio del Ser humano en su búsqueda de los eternos porqués que la vida les va sembrando en el camino de la existencia. Tal es el caso de la planta  la Salvia Divinorum, originaria de tierra oaxaqueña o de los hongos Teonanacatl que Doña María Sabina diera a conocer al mundo, y a los cuales nombrara con cariño y reverencia como niñitos o angelitos, ambos  al masticarse o beberse producen alucinaciones visuales y auditivas.

O qué tal el Floripondio común de tierras áridas de clima caluroso, que induce en bajas cantidades a un sueño placentero y reparador; o el Toluache, muy desacreditado en nuestro país, por ser una planta que en altas dosis hace perder la voluntad e incluso la cordura en quien lo consuma, lo cierto es que científicamente está comprobado que estas bellas flores en forma de campana, contienen sustancias tan fuertes que de abusar en su ingesta pueden dejarlo a uno atorado para siempre en el viaje, o incluso conducirle directito y sin escalas hasta los brazos de la bien amada catrina de todos los santos.


No podríamos no mencionar a “María Juana”, o “café”, más conocida como Marihuana, que no por más comercializada pierde su efecto alucinógeno, que según la paz interior de quien la consuma, le abre las puertas hacia un viaje placentero o uno mala vibra, sin importar su estado legal, que por cierto como sabemos se encuentra en el estira y afloja de ser legalizada en México.

En lo personal, me gusta más ver el uso de estas drogas alucinógenas como auxiliares dentro del autoconocimiento y dentro del proceso de inhibición creativa, y no como un escape de la realidad, situación que desafortunadamente es la que predomina en la que en la mayoría de los casos de quienes suelen consumirlas, provocando que echen al saco roto una vida que bien podría ser bastante productiva, ya que como previamente lo he mencionado, el uso de estas sustancias en algunos círculos intelectuales, principalmente de los años 60, sirvió como fuente de inspiración artística.



Tal es el caso de la corriente conocida como "Psicodelia", la cual quedó plasmada no sólo en la pintura, sino también en la música, la literatura y el cine. Las características principales en el caso de lo visual, fue el uso de colores llamativos y figuras repetitivas a manera de caleidoscopios;  en el caso de la música se denotó por contar con una estructura compleja que buscaba acompañar en el viaje a quien se lanzaba a ensoñar, creando ambientes de relajación profunda, mediante sonidos indios e incluso árabes;  y en el caso de la literatura, encontramos a la generación Beat y a la literatura de la Onda, en ambos casos las narraciones hablan abiertamente del uso de drogas, arropados por escenarios surrealistas que dejan entrever el mundo paralelo en el que el escritor ha estado.

¿No suena tan mal cierto? Aunque creo que la aventura de consumir drogas y alucinógenos naturales debería tomarse a una edad en la que el ser humano ya posee plena conciencia de sus actos y por ende la responsabilidad que le debe acompañar a estos, aunque desafortunadamente también es cierto que esto no sucede siempre y el uso de sustancias diversas termina siendo una catástrofe, precisamente porque no existe un propósito espiritual, sino sólo quizá el deseo banal de seguir una moda o encontrar un punto de escape en la pintura de nuestra propia realidad.

En fin… para los que decidan seguir o comenzar el camino del autoconocimiento y ayudarse de estos o los métodos que gusten,  les deseo buen viaje, luz  y pronta reinstalación de ese cordón umbilical con el universo, el cual, cuando no lo  buscamos, de una u de otra manera, con o sin ayuda de sustancias, siempre termina por hacernos falta, pues sin camino quedamos a  la deriva cual astronauta sin fuerza de gravedad, incluso dentro de nuestra propia naturaleza y es que hay que recordar que el conocimiento siempre es en espiral y mucho más el espiritual.