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Año 2 | No. 10 | 2015.

| Nada con Exceso

Fue hace 27 años, poco después de la muerte de mi padre, a pocos días de que celebráramos las fiestas decembrinas, ella nos sentó a mis hermanos y a mí en el comedor y nos dio a fumar un churro de mota (en ese momento desconocíamos lo que era). Estoy seguro que los tres queríamos saber el por qué de su insistencia en que le diéramos un jalón, pero nadie se atrevió a preguntar y simplemente lo hicimos.

Ilustra. Yurex Omazkin | Diciembre 2015


Nada con Exceso, Todo con Tradición

La primer sensación que tuve fue un ligero mareo, después simplemente comencé a sentirme muy tranquilo y con unas enormes ganas de querer abrazar a mi madre y a mis hermanos;  Ángel, el mayor, compartió mi mismo deseo pues sin avisar nos sujeto fuertemente a Román y a mí y nos repitió una y otra vez lo mucho que nos amaba. Nuestra madre, que también fumaba relajada el churro del cual nos convidó, se levanto de su silla y se aproximo a nosotros.

- Así es como quería verlos, amándose, sintiéndose como hermanos.
- Te quiero mamá –dijo Román con la mirada perdida en el árbol de navidad.
- Mi amor –dijo con cariño y nos sujeto entra sus brazos-, son todo lo que me quedan, somos todo lo que tenemos. Y año tras año, hasta el día de mi muerte, haremos esto simplemente para vernos unidos y amados, de una forma sincera a pesar de no usar un medio correcto.
- ¿Es malo lo que fumamos? –pregunté sintiéndome algo asustado.
- Antes creía que sí Zared, pero tu padre me demostró lo contrario. Así que éste será nuestro pequeño secreto, nuestra pequeña tradición, año tras año, en vísperas de navidad más no en ningún otro día. Sería fantástico hacerlo en noche buena, pero sus abuelos, tíos y primos no entenderían nuestras razones y nos juzgarían.

Y así sucedió, a partir de ese día no existió 16 de diciembre en el que los cuatro no nos sentáramos en la mesa, y nos diéramos un momento de dicha. No importaba que tanto nos peleábamos a lo largo del año, si teníamos problemas económicos, si nuestras calificaciones no eran las deseadas por los profesores del colegio y por mi madre; para ese día todo se resumía en un perdón, un los quiero, un trataré de mejorar, un ligero lloriqueo por parte de mi madre hacia mi padre, un sinfín de minutos gratos.

La semana pasada, mi madre fue a dar al hospital en estado critico a causa de la diabetes que la atacaba desde hace unos años. Mientras la acompañábamos en su lecho de muerte, ella nos miro sonriente y pronunció:

-Veo que sí funcionó, al principio tenia mis dudas pero por un instante creí tener la razón sobre las consecuencias que tendría mi pequeño experimento y funcionó.

-No hables mucho mamá, trata de no agitarte. –Sugirió Román mientras acariciaba sus mejillas.

-Es solo que verlos aquí a los tres, hechos unos hombres y sobre todo queriéndose sin falsedades como verdaderos hermanos, me hace recordar aquello que me orilló a inculcarles esa costumbre anual.

-¿Por qué lo hiciste mamá? –cuestioné, ansioso por resolver la duda que desde niño me intrigaba.

Mi madre suspiró, elevó la vista al techo y narró:

-Dos noches antes de que su padre muriera atropellado por aquel taxista, él llego sonriente a casa, despreocupado por el trabajo. Desde su llegada se dirigió a ustedes de otra forma, no los regañó por estar aún despiertos, ni les hizo aquel acostumbrado interrogatorio sobre sus actividades escolares, simplemente se mostró con otra cara más amorosa. A mí no me ordenó de manera déspota servirle la cena, o criticó mi forma de vestir; aquella noche me vio como la mujer mas bella, y me demostró de forma apasionada lo que desde hace años no hacía. Cuando estábamos en la habitación me confesó que fumó algo de marihuana al salir de trabajar. Fue uno de sus compañeros quien se la regaló, argumentando que la necesitaba para sentirse alejado momentáneamente de los problemas laborales y económicos por los que pasaba.

 


Mi madre no pudo contener las lágrimas y las dejo salir poco a poco sin dejar de hablar.

-Mientras velábamos el cuerpo, no dejaba de pensar en lo mucho que amé  a su padre esa noche, siendo que las anteriores aborrecía su mal genio y forma de comportarse con nosotros; fue ahí cuando nació la idea de implementar una pequeña dosis de aquella droga en nuestras vidas por lo menos una vez al año, con la intención de formarnos entre los cuatro una imagen que nos resultara tan cautivadora y amorosa que no nos permitiera ver, por una sola noche, aquellos defectos y errores que interferían nuestro afecto… Y funcionó.

Dicho esto, ella murió. Quizá su idea era disparatada por no estar comprobada científicamente pero puedo asegurar que si en este momento alguien me pidiera describir a mi familia, simplemente diría que somos muy unidos y sinceros entre nosotros por lo menos una vez al año.