marnuj

Año 2 | No. 9 | 2015.

| Minicuentos

Hay un lugar… Mejor dicho, hay un selecto grupo de personas que conforman esta tradición que lleva años. No existe una ubicación en específico y tampoco cualquiera puede asistir así como así, solo cierto tipo de gente de confianza. Es una sociedad muy selecta, la comunidad es clandestina, su modo de operar no es sencillo, se comunican a través de anuncios de periódico. Proporcionan ciertas coordenadas para dar la ubicación real, puesto que los organizadores son extremadamente cuidadosos, paranoicos y desconfiados. Los más adinerados o de un estatus alto lo llaman la economía subterránea, para los demás, es vulgarmente conocido como mercado negro, ese es el término empleado para clasificar la venta clandestina e ilegal de bienes, productos o servicios.

Ilustra. Cuentos Castrosos | Septiembre 2015


El Truco Inesperado

Hay todo tipo de gente y de aficiones raras, desde empresarios y políticos hasta asesinos y faranduleros, trata de blancas, drogas y armas es lo más común y nada sorprendente que puedes encontrar ahí. Los precios varían depende el vendedor y así como dice el dicho popular, depende del sapo es la pedrada.

Artilugios antiguos, provenientes de la Segunda Guerra Mundial, Egipto, Sumeria, China e incluso antigüedades prehispánicas y de otras culturas que jamás creerías que existen.

Uno de los clientes más distinguidos que llegas a ver entre los pasillos es a Magnus Rench, uno de los más grandes coleccionistas, excéntrico y prepotente, entre sus más grandes piezas de colección se encuentra la cabeza de don Doroteo Arango y las manos de Ernesto Guevara.

El siempre acude por los artículos más excéntricos y raros que hay, pero esta ocasión, el verlo por aquí no es especial, pues por los alrededores también sé encuentra el Jeque Abdul Haz, el mayor coleccionista de libros Mágicos y de hechicería, Robert Milwon / Animal man.

Hasta Oscar Méndez, senador del Verdi/rojo, aunque el solo viene por una nueva  adquisición,  una chica joven para su harem personal, ya que las ultimas sufrieron un percance, cada quien contaba con una extraña afición o gusto descomunal.

Pero lo que esta vez reunió a la mayoría era la pieza única del asombroso “Libro de los muertos”, el original, no imitaciones como llegaban a vender los estafadores.

En este sitio no existen las subastas, aquí las cosas se arreglaban de diferente manera. Cuando dos clientes deseen adquirir  el mismo bien y/o producto, pueden elegir entre dos opciones según las reglas impuestas por los dirigentes en el reglamento aplicado desde 1931.

La primer opción no hay más que uno de los clientes debe desistir, para poder efectuarse la venta. La segunda es mucho más arriesgada, los dos clientes pagarán el valor total del  producto y entraran, junto con un juez, al departamento de resoluciones (un cuarto con dos sillas y una pequeña mesa con un  revólver y una bala). La función de esto es jugarlo todo en una ruleta rusa.

Al saber las reglas muy pocos se atrevían a participar, pues viendo el número de compradores en disputa, las rondas serian de entre 10 y 15 disparos. La posibilidad de sobrevivencia es del 30% y el costo del producto se eleva la misma cantidad de veces que participes en la ruleta. En síntesis, los que no tenían miedo a perder la vida, tenían miedo de perder su dinero.

Al final los interesados fueron dos, dispuestos a corroborar la autenticidad de la pieza en venta y a seguir las reglas sugeridas.

Sus rubricas en las respectivas responsivas y avisos de privacidad, - la tercera hoja es un documento que deslinda al vendedor de cualquier suceso (tomando en cuenta, que lo legal no vale nada, solo son tramites preventivos)- decía el mismo esbozando una sonrisa.
-Los dejare unos minutos a solas antes de que se decidan a iniciar el procedimiento para la venta.
Los sujetos se miran y el árabe emite sus primeras palabras.
-¿Es necesario esto?
El inglés solo frunciendo el ceño, responde seco.
-Yo solo necesito el libro para dos rituales... podríamos llegar a un acuerdo que beneficie ambas partes.
Para cuando el juez llega, habían llegado a un trato y le informan que el comprador será el Jeque Abdul Haz.


El vendedor entro a la habitación trayendo en sus manos una caja metálica la cual se movía constantemente, bruscamente como si encerrara un animal peligroso.

-Antes de abrir la caja les recuerdo que deben tener mucho cuidado, deben sostener fuerte el libro y no tener miedo  ya que puede olerlos.

Al ver el libro para constatar la autenticidad del mismo, pudieron observar que la portada, contraportada y lomo estaban formados con piel y hueso.

En una parte de la cubierta había una membrana grisácea que se encogía y dilataba simulando la función de un pulmón.
-Pero esta cosa esta viva- decía asustado el árabe.
-Sí… está respirando- decía el vendedor que ya  salía junto al juez de la habitación.

Y fue justo cuando el “Libro de los muertos” olio el miedo del árabe, salieron de entre sus hojas varios tentáculos dentados, tomado a los dos sujetos, enrollándolos entre sus miembros y enterrando y desgarrando con sus dientes filosos sus delicados cuerpos humanos. El primero en reventar debido a la constricción de los tentáculos fue el inglés, aunque los dos terminaron devorados por el libro, el cual los llevo hacia su interior destrozándolos con sus filosos caninos que salían de entre sus hojas y hojas bañadas de sangre.


El silencio se apodero de la habitación, el libro se quedó inerte, contrayendo y retrayendo esa membrana grisácea.

Al terminar lo sucedido, el vendedor sale del departamento de resoluciones  y comenta que los clientes desistieron a la venta.

-SEÑORAS Y SEÑORES, ESTE EXCLUSIVO EJEMPLAR SIGUE DISPONIBLE OPARA SU ADQUISICION…

Le giñe el ojo a su asistente y le dice…
-Recuerda que siempre tiene hambre.  
Después << le susurra al oído>>  
-Nunca confíes en un vendedor del mercado negro, al final del día, siempre tienen sus trucos...