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Haciendo un poco de historia:

La palabra surrealista (por encima de la realidad) aparece por primera vez en París, más específicamente en el teatro «Renée-Maubel», el 24 de junio de 1917, en el subtítulo de Las tetas de Tiresias «Les Mamelles de Tirésias» (drama surrealista) que fue escrita en 1903 pero que se presentó hasta 1917, para referirse a “la reproducción creativa de un objeto, que lo transforma y enriquece”. El autor de dicha obra de teatro, el romano Wilhelm Albert Włodzimierz Apolinary de Kostrowicki a.k.a. Guillaume Apollinaire, escribe en el prefacio al drama:

“Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a una pierna. Del mismo modo ha creado, inconscientemente, el surrealismo... Después de todo, el escenario no se parece a la vida que representa más que una rueda a una pierna”.

Por Ramses Fonseca.

Los estudiosos y entendidos en el tema, dicen que el Surrealismo se volvió corriente artística y literaria a partir de los años 1920, al terminar “la gran guerra”, así que en 1925, cuando el movimiento empezaba a agarrar forma, el escritor rumano pero avecindado en Francia y poeta emblemático del Dadaísmo (corriente contracultural de la que surge el Surrealismo) Samuel “Tristan Tzara” Rosenstock, junto a los poetas franceses Robert Desnos, Paul Éluard y André Bretón (éste último además de poeta fue escritor,  ensayista y teórico del Surrealismo; reconocido como el fundador y principal exponente de este movimiento artístico) desarrollan una “versión propia” de un viejo juego de mesa llamado "consecuencias" en el cual los jugadores escribían, por turnos, en una hoja de papel, la doblaban para cubrir parte del escrito, y después la pasaban al siguiente jugador para otra colaboración, una variante de aquel juego de palabras, que a su modo de ver, les permitía crear maneras de “procrear”, es decir, sacar de una imagen muchas más. Es a partir de una frase que surgió  la primera vez que lo juegan, que lo nombran:  

« Le cadavre - exquis - boira - le vin - nouveau »  francés para “El cadáver exquisito beberá el vino nuevo”.




A pesar de que su versión era prácticamente la misma, veían en su “cadáver exquisito” un método de creación colectiva de textos que se “juega” entre un grupo de personas que escriben una composición en secuencia y sólo pueden ver el final de lo que escribió el jugador anterior, los surrealistas sostenían que la creación, en especial la poética, debía de ser anónima y grupal, intuitiva, espontánea, lúdica y en lo posible automática, de ahí que muchos de estos ejercicios se llevaran a cabo durante experiencias hipnóticas o bajo la influencia de sustancias psicotrópicas que inducían estados de semiinconsciencia (por aquello de “por encima de la realidad”). La técnica pronto pasó de la escritura al dibujo y de ahí al collage.

Aunque el juego combina fragmentos de una idea agregando elementos que pueden o no pertenecer a la realidad, sin preocuparse de la coherencia o el sentido que el resultado final pudiera tener, el «cadavre exquis»  tiene, en su génesis misma, un carácter enteramente contestatario, totalmente intencionado a la ruptura de paradigmas y estándares convencionales. Y es que la sola idea de buscar variedad y complementación en la “colectividad procreadora” es antagónica a la visión “unificadora” de un mundo que, después de la primera guerra mundial, comenzaba a homologarse, a volverse un ente global sin rostro y sin identidad propia. El auge de la cultura colectiva, debido a las nuevas formas de comunicación, son herederas, en gran parte, de aquellas técnicas caóticas con las que los viejos poetas trataron de pervertir la realidad del arte y la sociedad.

La espontaneidad, la intuición y la exploración del subconsciente eran las claves del proceso de creación surrealista, obsesionado con descubrir, en la línea de Sigmund Freud, los verdaderos impulsos que habitan en los individuos. De haberse inventado en el siglo XXI, el hobby literario y gráfico quizá estaría avalado por algún estudio científico alabando sus propiedades mentales pero como fue una reinvención del surrealismo, no han quedado más que las palabras de André Breton para definirlo (y defenderlo): "Lo emocionante para nosotros en este tipo de producciones era la certeza de que para bien o para mal, representaban algo que no era posible por el trabajo de una sola mente".

El chileno Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto a.k.a. Pablo Neruda y el andaluz Federico García Lorca los llamaron “poemas al alimón” pues “alimón” significa: “Hecho entre dos personas, conjuntamente o en colaboración” y se refiere específicamente al modo de torear simultáneamente dos liadores tomando cada uno un extremo del mismo capote”; para los chilenos, Vicente García-Huidobro Fernández mejor conocido sólo como Huidobro y Nicanor Parra Sandoval (que además de poeta, fue físico y matemático) eran “quebrantahuesos”  y en 1957, junto a otros chilenos como el también poeta, dramaturgo, novelista, crítico y dibujante  Enrique Lihn y el escritor extraterritorial y artista multidisciplinario Alejandro Jodorowsky Prullansky o Jodorowsky (a secas), hicieron una exposición denominada "el quebrantahuesos" proyecto que consistió en una apropiación tanto del espacio como del lenguaje públicos, ocupando muros en varios lugares de Santiago con textos creados a partir de recortes de periódicos.

{ En el año 2006, el poeta Mauricio Huenún emuló el proyecto original de Parra, Lihn y Jodorowsky, utilizando el mismo formato para dirigir ahora una mirada crítica e irónica a la realidad de los primeros años del siglo XXI.}


Decía Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno mejor conocido por la barriada chilanga como Juan Rulfo, que solo existen tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte y para captar su desarrollo normal hay que saber cómo tratarlos, qué forma darles, sin repetir lo que han dicho otros. En tanto metabolismo continuado de anteriores lecturas, podría considerarse si la literatura no es en sí misma un gran cadáver exquisito a partir de temas y preocupaciones bastante simples.

Nicolas Calas, vanguardista suizo, sostenía que, “un cadáver exquisito tiene la facultad de revelar la realidad inconsciente del grupo que lo ha creado, en concreto los aspectos no verbalizados de la angustia y el deseo de sus miembros, en relación con las dinámicas de posicionamiento afectivo dentro del mismo”.
Y es que, a fin de cuentas, qué es la ciudad en sí misma, sino un «cadavre exquis» que se sucede hasta el infinito, en el que cada uno de nosotros escribe su parte pudiendo ver sólo  el final de lo que escribió quien estuvo antes y sin saber a ciencia cierta qué seguirá después de lo que uno deja, para que alguien más continúe escribiendo y así, siga, ininterrumpidamente esa sucesión sin fin de párrafos, sin más relación aparente más que la colectiva “procreación” de la “gran tragicomedia chilanga.”