“La revolución no se televisará”, se Cantó.

Las sucesiones son parte cotidiana en nuestro andar, es el suponer que un hecho puede ser un pretexto para lo siguiente en ocurrir y, que a su vez lo que lo provocó fue una consecuencia de algo más. Las consecuencias las damos por hecho, algo precede a esto otro y será seguido de otra cosa. Para nosotros los que padecemos en la inercia social, la continuidad no es materia de ninguna sesuda cavilación, es un acto de Fe, pasa y ya; parece adelantarse a nuestros movimientos, incluso a nuestros pensamientos. El saber lo que ha pasado para predisponernos a lo que sigue; ese es nuestro dogma.

Por Beele.


Hay un ser que nos teme
Alguien que quiere escondernos
Tiene óptica cuadrada y vomita engaño
Desconecta tu razón.
“El Comuniador”.

Caifanes.

Cuando el plátano recibe el último cucharazo para acompañar lo que fue un plato de arroz a la mexicana, el de la cuchara en la mano no piensa más que en la oreja de elefante con ensalada y papas que la mesera de la fonda ya maniobra.

...Urano, Neptuno y Plutón - ¡Cómo no! Así, como antes en Odisea Burbujas, completos y de memoria – para terminar de repasar los planetas del sistema solar con el noveno ordinal y su aguda tilde.

Las promesas de la comida corrida como las hazañas de la memoria y su recital de corrido, ejemplifican nuestro fervor dogmático por las sucesiones. En el adjetivo (corrido) está el participio del verbo, mismo que da imagen de una acción que fue; algo que ya ha ocurrido y se quiere dar cuenta de ello. Como cuando después de un buche de sotol y darle las tres, se amachinaba la de seis tripas para echar el gorgorito sobre la epifánica locomoción de Chui García, allá en tiempos Don Doroteo (yo-si-invadí-a-los-gringos) Arango. Cuando el corrido en El Ombligo de La Luna cosechaba lírica sobre héroes y epopeyas y, no sobre cuanto plomo y cocaína se le puede atiborrar  al cuerpo humano.


En plena Revolución Mexicana, el corrido cumplía una función social desde las trincheras de la información y la inspiración, hacia el papel de divulgador, se daban a conocer noticias y acontecimientos relevantes entre canto y canto. En esos ayeres, los aventados a canturriar los aconteceres hacían las veces del Palomazo Informativo o de Lolita y su rosa (¡cruz, cruz!). Aunque hay que decir que en esas ocasiones nadie firmaba la noticia, la mayoría de los corridos más antiguos que se conocen son como deben de ser, de dominio público. El anonimato era parte corrido. Ello era una forma también de reafirmar usos y costumbres como lo es tradición oral y la música regional.

Una forma de subversión, de resistencia también se hallaba escondida en el corrido, tanto en su creación como en su interpretación, de una u otra manera el corrido daba el contrapeso a la información oficial, la que el Estado no está dispuesto a divulgar. Con el vástago del Ahuizote se le daba vuelo a la insurgencia social de una manera gráfica, los corridos eran las composiciones populares de la información sobre lo que estaba pasando con “La Bola”. La inspiración popular encontraba su terruño en personajes afamados,  acontecimientos específicos, lugares, transportes, objetos o animales idealizados (como cuando aquel caballo se paraba y relinchaba al oír el grito de los trenes).

Para Mexicalpan de las tunas  y su memoria colectiva, el periodo revolucionario brindó la época de oro para el corrido, pues aún con las limitaciones de los medios masificados y una guerra interna, el corrido pudo asumir una función social y con un papel informativo en el sector populachoso. Era una forma de comunión, de saberse acompañado y con un fin común. Que un regordete ranchero norteño pelea por lo mismo que yo y, que además un campesino bigotudo lo procuraba.

Quienes interpretaban sus composiciones populares aventaban su serenata en las plazas públicas, mercados, en general eran lugares donde comúnmente se podía encontrar a la raza en su devenir cotidiano. Como era de esperarse, sin la actual repetición sistemática de los jits musicales, la mayoría de las composiciones eran olvidadas, solo algunas suertudotas eran impresas en coloridas hojas y se les agregaba un grabado sobre lo narrado, hasta el entonces desconocido Pepe Posada pudo poner sus sellitos ahí.

Como la historia del corrido acompaña la historia de nuestro país, ambas nos remiten inicialmente a las narraciones sobre la liberación de la República, narrando batallas independentistas y, lo chingones que eran Hidalgo y Morelos. Posteriormente los temas cambian para hablar en contra del porfiriato, es ahí donde el género se expande como verdolaga en el sector oprimido y populoso de la comunidad. En un último sector del corrido se escuchan los versos hablando sobre la etapa pos-revolucionaria a la actualidad.



Basta parar la oreja con un corrido para entender que no hay mucho que entender, con un lenguaje sencillo se saluda al inicio y se da una despedida al final (la educación se mama), en medio de ello se narra una anécdota, como si se tratara de un chisme se facilita el donde, el cuándo y quien fue el mentado fulano que se aventuró.

El corrido en si mismo no es una apología del bien o del mal. El corrido es solo una representación, un reflejo de lo que es la sociedad que lo compone y que desde luego lo escucha (lo mismo pasa con el narcocorrido o el movimiento alterado) es, a manera lírica una  narración de acontecimientos (en el mejor de los casos) contado de primera mano.

Hasta nuestros días aun sobreviven popularmente algunos corridos ya añejados en la memoria colectiva de nosotros los del Águila y la Serpiente: Maquina 501, Carabina 30-30, el Siete Leguas, La Cárcel de Cananea. Nos dan una idea de cómo era vivir entre sombrerazos, cacahuatazos y polvo.