-Les voy a empujar un versito, pero no se preocupen, no es de mi propia inspiración- Che Guevara

México fue la cuna de ideales, y digo fue, porque en estos tiempos nadie sabe para quién trabaja.

Son los años 50, en este país lindo y querido, fue el año en el que se entrenaron, en suelo mexicano, no más ni menos, que los revolucionarios que dieron libertad a cuba, Fidel Castro y el CHE Guevara.

Por Dnakane


México de 1955: (Ernesto) Me recibe la ciudad, mejor dicho, el país de las mordidas, con toda su indiferencia de animal grande, sin hacerme caricias ni enseñarme los dientes… Aquí también se puede decir lo que se quiere, pero a condición de poder pagarlo en algún lado; es decir, se respira la democracia del dólar… Ya he andado en México lo suficiente para darme cuenta de que la cosa aquí no va a ser muy fácil, pero vengo con espíritu a prueba de balas…

Carta enviada por Ernesto, a sus familiares argentinos.

El trabajo como alergista en el hospital general, no garantizaba una plaza por falta de título, y lo peor de todo, que tampoco una buena paga, aunque lo dejaran vivir ahí (en el hospital), sabía que eso no pintaba para bien, pues no obstante, no faltaba mucho para que llegara Hilda (su chiquita), y la situación económica cada vez era  peor. No le quedo de otra y tuvo que trabajar (para ganar un extra) de fotógrafo callejero, paseando de la alameda hasta el zócalo, para sacar de esas memorables fotos en cuadritos de contacto.

Era difícil para un argentino ganarse la vida en esta ciudad; pero así vivía entre olor a enfermo, fotos, y unos toquecitos acompañados de pláticas filosóficas en las islas de la UNAM; así llevaba su vida en México, un médico clase mediero, fotógrafo, comunista.

Pero al fin llegó Hilda Gadea y ya no estaba tan solito. Se casaron en Tepoztlán, tuvieron una boda rete bonita, de luna de miel visitaron las ruinas mayas de Chiapas y la península de Yucatán: Palenque, Chichen-Itzá y Uxmal.

A su regreso se fueron a vivir a Ramón Guzmán (hoy Insurgentes Norte), pero se mudaron a un departamento moderno (moderno para ese tiempo) de la calle Nápoles, (no 40) y vivieron felices por siempre.

Bueno no por siempre, sino hasta que apareció el buen “ñico”, Antonio “ñico” López,  su buen amigo cubano que conoció en Guatemala gracias a su novia peruana, y que volvía a encontrar en México.

Ahí todo iba cambiar, pues “ñico”, lo llevó a una de esa pláticas  underground-revolucionarias cubanas que se hacían en casa de doña Toñita (María Antonia González), una cubana que fue la  salvación en México de todos los refugiados políticos de Cuba, pues cuyo hermano murió torturado  por los esbirros de Batista.

En ese lugar, Nico le presentó a Raúl (Castro) al doctor Ernesto, hicieron clic inmediato, fue la chispa necesaria para que  Ernesto se reuniera casi todos los días con sus nuevos amigos, a la vez que seguía en sus múltiples oficios.

Hasta que por fin llego Alejandro, con su traje sastre, peinado pa’ tras  y  con un  pequeño bigote bien rasurado; el verde blanco y rojo de la ciudad azteca, lo recibían como a cualquier otro extranjero. Si tienes con que-so, no problema my friend.

Pero el revolucionario recién salido de la cárcel, no iba a turistear, él tenía otro objetivo. Raúl  le presento a su pana argentino, y si ellos habían hecho clic, (Raúl y Ernesto) ellos harían  BOOM, platicaron por horas  y horas durante toda la noche, su coincidencia de pensamientos y filosofías revolucionarias  hicieron que esa misma noche Alejandro le confesara todo, y lo nombrara médico de la expedición.

Para esto Alejandro no era realmente Alejandro, (era más bien FIDEL CASTRO, ocupando un nombre falso para pasar desapercibido, pues los espías de Fulgencio andaban buscándolo para acabar con el).

Y po’s Ernesto no solo era Ernesto, era Ernesto (Che) Guevara; un marxista-leninista, y revolucionario hecho y derecho desde que salió de Guatemala. (Aunque lo de derecho está en tela de juicio).

Esa misma noche, el doctor Ernesto ya era parte del movimiento 26 de julio.

“Fidel, una cosa te voy a decir: yo lo único que quiero es que cuando triunfe la Revolución en Cuba, por razones de Estado, ustedes no me prohíban ir a Argentina a hacer la revolución”.

La primera parte de la preparación fue en Tepito, bajo la tutela del “Kid” Venegas, el cual  aparte de entrenamiento físico y de resistencia, daba techo y comida a algunos exiliados cubanos.

La revolución tenía que surgir al unísono de las voces de los inconformes, recuperar la dignidad, o morir de pie.

Apenas habían pasado dos semanas, todos estaban listos para la parte que seguía del entrenamiento de guerrillero, a primera impresión todos, excepto Ernesto, pues ha dos semanas de ser invitado a formar parte de la historia, su ahora esposa Hilda, le comunicaba la noticia de que sería papa, pero Ernesto tenía que seguir en su camino hacia la revolución tan anhelada, a su hija no le faltaría nada, y que aunque no fuera cubano, decía que américa latina era su casa.


La mayoría no contaba con experiencia militar. Asistieron a un curso de táctica que daba un general español Alberto Bayo, en el rancho Santa Rosa, municipio de Chalco. Practicaban tiro en un campo de 8 kilómetros en las inmediaciones de las montañas de Ayotzingo, en un terreno propiedad de un antiguo compañero de Pancho Villa.

 



Ahí mero les cayó “la chota”, “los puercos”, “la tira”, los acusaban de contrabandistas, y pues al ver que estaban armados, se les armo la gorda. Estuvieron presos alrededor de 57 días en un centro de detención temporal migratoria (Miguel Schultz, 105, colonia San Rafael). El último en salir fue Ernesto, el cual declaró sin problemas ante la policía mexicana que era comunista y que estaba preparando una revolución para derrocar al ahora dictador de cuba. Eso retardo su salida, pero a pesar de estas confesiones, lo dejaron salir.

Para esas fechas ya habían perdido una parte de las armas, muchas casas (varias de seguridad), los campos de tiro a dónde ir, todo lo que tenían; además, necesitaba completar el número de hombres, conseguir el barco, preparar el punto de partida y hacerlo todo bajo vigilancia de la policía.

El entrenamiento en guerra de guerrillas bajo el mando del coronel seguía, prácticas de tiro y largas caminatas por la ciudad, y aunque Ernesto sufría de asma, nunca le fue impedimento realizarlas.

Hasta que conoció al inalcanzable popo (Popocatépetl) aquel volcán que nunca pudo escalar por completo, por más que se le propusiera. Pero en lo que él intentaba llegar a la cima, Alejandro tuvo que cruzar la frontera gringa (de mojado) para llegar a McAllen Texas, y así poder asistir a la cita con el expresidente cubano Carlos Prío Socarras, el cual le proporciono el dinero restante, para llevar a cabo la revolución de Fidel. Fidel se tragó su orgullo y aceptó, “Seremos libres o seremos mártires”, fue la consigna.

Con el dinero compró un pequeño yate y lo que restaba para la expedición. Estaban listos, y se marcharían al día siguiente.

La hija de Ernesto nació pocos días antes de que se fueran a Tuxtla, incluso Fidel le dijo a Hilda que esa niña seria educada en cuba bajo un gobierno justo, que no se preocupara, pero el pedante argentino (ahora apodado el che) se despidió de su esposa diciéndole:

“Podrán morir las personas, pero jamás sus ideas”

El últimodía antes de partir, el armamento estaba preparado, los camarotes listos,  y el poco equipaje que teníamos, en su lugar.

Faltaban en llegar los últimos guerrilleros, así que en lo que los esperábamos, Ernesto nos leyó unas palabras que tenía anotadas en su diario:

“Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro, porque el conocimiento nos hace responsables, sueña y serás libre en espíritu, lucha y serás libre en vida. Ya que sólo existe un sentimiento mayor que el amor a la libertad: el odio al que te la quita; Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario”.

El  GRANMA se posaba sobre las aguas “tranquilo”, aunque realmente  ya estaba ansioso de salir para rugir y Gritar con ahínco “QUIERO REVOLUCIÓN”.

“Recuerden que el eslabón más alto que pude alcanzar la especie humana, es ser revolucionario”
Che Guevara