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Hablar de los orígenes de música como producto a nivel masificado es tomar en cuenta diferentes posiciones, opiniones y actores que han alimentado a la industria. Se habla de la popularización de la radio como electrodoméstico básico, pasando por una Atlantic Records, y hasta se puede voltear a ver el papel de “yutub” en los medios. Pero poco importan estas circunstancias cuando se sabe de cierto que el que posee los derechos, posee el dinero y, a su vez decide lo que estaremos escuchando.

Por Beele.


Duro inconformista sin civilizar,
ven a nuestros brazos, déjate domar.
Si eres joven y rebelde:
¡coca cola te comprende!

“Así es la Vida”. La Polla Records.

La Motaun (Motown) fue la disquera encargada de adoptar y masificar un sistema en la creación y producción de “Music for the Mases” (dirían los Depeche); música para el pueblo y llegar a un público blanco como principal comprador. El secreto estaba en una separación básica entre el editor y el sello. El publixer (editor) llevaba como labor administrar los compositores y las canciones; como complemento simbiótico, el manayer y el productor (Sello discográfico) se encargaban de buscar intérpretes y “crear” a los artistas. Entonces podemos decir que para cada rola se vendía el alma por partida doble.

Motaun alcanza su éxito gracias a la mezcla de géneros y al marketing. El boom económico en la industria musical lo marca (para variar) el consumismo de la juventud;  aun cuando no sean la población con el mayor poder adquisitivo muchas de las campañas mejor logradas iban dirigidas a ellos. Motown: “the  sound of young america”, Pepsi: “Now It's Pepsi for Those Who Think Young”. El éxito económico de los sonidos para los morros gabachos también chocó directamente con la estructura sociocultural  de aquellos entonces; la chamacada que habitaban los suburbios en aquella época, salía de su “jaus” para lanzarse a los clubs del “Dauntaun”.

En otro punto, esta disquera no vino a descubrir nada, (por pura probabilidad) por cada afroamericano  que se meneara con el ritmo  producido, habría por lo menos 3 paliduchos en busca del hit del momento; el (ya pasado de moda)  Jazz  lo había mostrado con el lanzamiento de Discazos como: My Favorite Things de John Coltrane o, Kind of Blue de Miles Davis, ambos publicados comenzando los grass-osos sesenta. Para 1979 el sello de la “Ciudad del Motor” había conseguido colgar  más de 100 de sus rolas en el top 10 de Billboard. Lo de la Motaun no eran las canciones, eran los macanazos.

Como lo mainstream nos hacen “pensar” (¡vaya paradoja!) que la música deja de ser una expresión para convertirse en un bonito producto; manufactura encausada a un público de masas (menos pensante y más efervescente, menos Canettiana y mas LeBoniana). Para ellos (los de la industria musical), en la masa la emoción es combustible y, el estilo es un mero artificio que adorna o redunda a la sensación.

Últimamente ha habido dos géneros comandando las idas y vueltas del pop: el Hip-hop en “El-Ei” (LA) y el llamado pop adulto en la “Manzanota” (NY); esto según un tal  Bruce Lundvall, veterano de mil batallas en la industria musical: dirigió Blue Note, uno de los sellos más grandes de Jazz; también estuvo a cargo de Elektra (no esa que estás pensando) y llegó a ser vicepresidente de EMI (ahí nomás, humildemente). Actualmente funge como céfalo de la Recording Industry Asociation of America (misma que representa a los monstruos transnacionales en la industria discográfica y certifica las ventas de los álbumes); Lundvall es lo que llaman un lobista (lobbyster), un “alguien” que se puede mover en las altas esferas para ejercer presión o influir en centros de poder político o  comercial, todo por favorecer a los intereses que representa. Es decir, que este vato ha hecho su luchita (no la suficiente, desde luego) sobre el congreso gringo para acabar con las copias piratas de casetes o ce-des y, en estos tiempos ha tomado fuerzas de flaqueza para “salvar” a la industria disquera frente a la “amenaza” que representa la ferocidad del Internet (no hace falta decir que hasta el momento no ha logrado mucho en este rubro).

La industria del disco ha cambiado drásticamente desde que Berry Gordy (Elmer Homero en la Motaun) decidía con que se iba a despertar el Tío Sam y, por consiguiente el mundo. Han quedado atrás los tiempos de despiporre, donde las multinacionales “yankis” cabalgaban a ese percherón que era el mercado discográfico mundial. Hoy por hoy, solo una parte es manejada por “billullo” estadounidense: Universal Music (franchute), Sony Music Entertaiment (nipona), EMI (british) y Warner Music Group (gabacha). La voracidad de estas cuatro gargantas (¡ni Linda Lovelace!) representa poco más del 70% del mercado.


La radio de los blondos se maneja más o menos con el mismo sistema usado desde hace mas de 60 años; sigue con el afán de uniformar a la música (¿pa qué tanto pinche ritmo chingón? si hay unos muy feos pero pegajosos). En la década de los noventa se dio el auge de tres fenómenos para la transmisión de la música en la radio: playlist, syndication y payola. Hasta inicios de los electrónicos ochentas en el gabacho, ningún “hijo de... vecino” podía poseer más de 6 estaciones de radio pero, con (Joligud a la presidencia) Reagan, (Apá) Bush y (el muy bien felacionado relacionado) Clinton, “el país sin nombre” le entró duro a eso del libre mercado y las normas cambiaron. Ya para la segunda mitad de los noventa podías llegar con tu morralla y comprar las estaciones de radio para las que te alcanzara. Clir chanel (Clear Channel) fue una de las empresas beneficiadas con este tema pues, llegó a poseer más de 1100 estaciones de radio en su país. Por ello su papel primario en la industria musical y (algunos dicen que también) en la reelección de Yorch (Apá, quiero esnifar mas pero no en la guerra) W. Bush.

Los “pleilist” son un índice (desnutrido) de temas musicales con el fin de ser repetidos sistemáticamente en determinadas estaciones (sobre todo si pertenecen a un mismo grupo). La “sindiqueixon” consiste en retransmitir una y otra vez un mismo programa, en diferentes estaciones y con variantes mínimas. La “payola” es HEMI de la industria musical, es uno de los instrumentos más potentes para el éxito de una canción, grupo o solista. Esta acción ilegal fue creada por las Majors de los 50 y, no va más allá de  pagar a las estaciones para que programen  las canciones que se les ordene.


Clir Chanel fue la mamá de los pollitos al  “institucionalizar” en su emisiones estos tres fenómenos y, siendo el culpable directo para una plana estandarización  (sí, aún mas) de la música pop. Al generar millones de dólares sin declarar, cosa que el Tío Sam no podía dejar pasar (se trata de dinero), a mediados de los 2000 se le declara la guerra a la “payola”. Con una investigación muy sonada se descubrió un sistema de billetasos a resorterazos generalizado entre Majors y muchas estaciones de radio (si, la gran mayoría de ese chanel quesque limpio) en donde salía embarrada música de personajes talentosísimos como: Jeniffer (también soy latina pero no hablo español) López, Madonna, U2, Beyonce, Shakira, Evanescence, Alicia Keys, Jay Z... (¡Qué raro! ¿no? Si sus banderas han sido el ingenio y aptitud y, nunca la imagen o el dinero).

El nombre de David Geffen es otro sello para los estándares de la música pop, de la música para agradar y con el fin último de ser mainstream. Creador del sello Geffen Records, Deivit es responsable de presentarnos sonidos gruesos, rasposos o ruidosos en melodías digeribles y hasta cool. La bienvenida al Grunge en el mercado  fue apadrinada sobre todo por este personaje. Para los ochenta Geffen Records produce a bandotas como (a ver si les suenan): Sonic Youth, Beck, Guns n' Roses, Aerosmith, Nirvana... y hasta el álbum de regreso de Don John Lennon que, cabe señalar, no había vendido casi nada hasta que le se dispararon las ventas con la muerte del “Yokoonizado Bitle” (caprichos socio-comerciales del Pop). Nirvana es convertido en estandarte de una generación, y para muestra “Nevermind” un botón: el récord de ventas del disco superó 50 veces las expectativas de la propia disquera. El artificio está en Pop-ularizar a un grupo esperando que la fanaticada no ponga en tela de juicio su esencia u originalidad.


Con el Apolo 11 alunizando, una voz en off  recitaba la leyenda: “Leidis an Llentlmen, roc an rol” (el tiempo confirmó lo que se decía de dientes para afuera pues, en su pantalla lo que menos se programó fue precisamente ese género). Así comenzaba  su transmisión MTV a principios de los ochenta. Antes de que la industria musical abrazara las suertes económicas del videoclip, la “Miusic Televixon” transmitía los videos de las 40 canciones en el “Git Pareid” que, por la época se trataba practicante de pop en sus diferentes pomos: Culture Club, Eurythmics, Phil Collins, Rod Stewart...

A más de  30  años del boom de la música afroamericana con el Jazz, R & B o “Rock and Roll” (¡ay güey! Como su eslogan) para “émtivi” los afroamericanos estaban vetados, ni siquiera el bestial Off the Wall  cabía en el cinescopio pero, eso a los fierros y los papeles (Don Dinero) le importaba “una pura y dos con sal”. La CBS (en ese entonces la que partía el queso) que tenía a la Epic contratando a Maicol (¡Chale! Aún soy negro) Yacson, amenazó con echar abajo al canal con todo y sus mercachifles del videoclip. Esta vez Billie Jean fue una excelente amante, tuvo tanto éxito que no dudaron en programar hasta la saciedad el segundo video del primer artista afroamericano transmitido por la cadena: Thriller, que mas que video tenía pinta de cortometraje.

Para finales de los noventas el llamado “Gangsta Rap” estaba bien posicionado en la radio de los estados unidos, no así en la televisión. Después de presiones Clintonianas y de largas charlas con bufetes jurídicos, MTV se avienta a proyectar videos del género en cuestión con imágenes misóginas y, más explícitas en sexo, violencia y drogas. Luego, en pleno 1998 y ya con sus videoclips plenamente, el Rap generaba 81 millones de discos vendidos.

En la jungla digital MTV ha tenido problemas para posicionarse frente a Yutub, además de la gran cantidad de cadenas de música transmitidas en tele de paga. La cadena se expande y se diversifica en el mercado existente: reality shows, películas, series, videojuegos.., además de ser una plataforma que transmite en más de 30 idiomas, para más de 160 países y con más de 150 canales temáticos o especializados. Con treintaitantos años desde su creación, la” Miusic Televixon” sigue representando el mainstream y, se aferra por mostrar a la ola juvenil lo que está en onda, lo cool.

Los premios de estas multinacionales son otra forma de hacer unidad en un sentido reduccionista y no integral; la televisión y los Grammy dan cuenta de ello, aunque fueron creados a finales de los 50, su auge no creció sino hasta que la CBS compró los derechos de transmisión a inicio de los 70. Hoy son una “fiesta” de pipa y guante.


Esta está siendo la  industria que  ha forjado nuestros gustos musicales. Las Majors se encargan de que al público les guste lo que se les ofrece (no más allá, no se inventa nada, no se descubre nada). Decisiones electorales se dan a conocer públicamente en suntuosas cenas a manera de entrega de galardones, donde se interpone el dinero al talento y se prostituye al creador; donde se le da una imagen al “artista” para dirigirlo a un público que se piensa desde las Majors como una masa ignorante y hambrienta.