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Tal vez sea por su gran variedad de funciones y reacciones causadas, que van desde inspirarnos, motivarnos, y elevarnos, hasta otras no tan inofensivas creados para vender y manipular, pero el cartel nunca pasa de moda, de hecho se podría decir que los carteles son una especie de bitácora de lo que ha pasado a lo largo de la historia, ya que en ellos se refleja los cambios en la moda, el entretenimiento, la economía, la cultura, las inquietudes e ideas que conciernen a una determinada sociedad, en determinada época.

Por Fernando Solres.


Si hacemos un poco de memoria (o nos ponemos a buscar en google), por ahí de 1870 los fabricantes, mercaderes y navegantes promovieron sus productos y servicios con carteles, los cuales pegaban a fuera de su lugar de trabajo o puerto; esto en parte se debía al bajo costo de la nueva litografía a tres colores inventada por Jules Chéret (1836-1933) y aunque la litografía como tal ya existía gracias a Aloys Senefelder, el innovador (en su momento) proceso de Chéret abrió una brecha que permitió que los artistas alcanzaran diferentes colores con tan sólo tres piedras (rojo, amarillo y azul) impresas en un registro cuidadoso. Como siempre pasa, al principio el proceso era realmente difícil, pero el resultado era notable, el color era de una intensidad única, la textura presentaba sublimaciones y los matices eran imposibles de alcanzar por otros medios

Esta capacidad de combinar palabra e imagen en un formato tan atractivo y económico, finalmente hizo al cartel litográfico una innovación de gran popularidad y alcance, convirtiéndolo en el medio dominante de la comunicación en masas en ciudades de Europa y América. Pronto las calles de París, Milán y Berlín fueron transformadas en la "galería de arte de la calle," entrando de lleno en la edad moderna de la publicidad.


Jules Cheret

Pero no solo por este innovador método es recordado Chéret, también creó litografías para los antros, bares y congales "más acá" de Francia como el Folies Bergère, el Alcazar d'Ete y el famosos Moulin Rouge, también fue contratado para realizar anuncios para compañías de artistas itinerantes, festivales municipales y compañías ferrocarrileras, para bebidas, cigarros, licores, perfumes, jabones, cosméticos y productos farmacéuticos, los cuales en la actualidad son considerados verdaderas obras de arte retro (of curse, como dice mi hermano el gordo).

También en esta categoría de "cartel retro" podríamos mencionar a diseñadores de la talla de Théophile-Alexandre Steinlen, quien plasmó escenas de la vida cotidiana en París, o de Henry de Toulouse-Lautrec, quien también se empeño en mostrar su punto de vista sobre la cultura del cabaret de esa época.

Así es como el cartel siempre ha acompañado a esta loca historia humana, reflejando sus inquietudes y por su puesto su moda, pasando del comercio al arte y como la masa lo pide, a la propaganda. Durante la Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique, este medio de comunicación masivo jugó un papel vital, de hecho se estima que la guerra supuso la campaña publicitaria más grande hasta la fecha, desde recaudar dinero, a soldados de reclutamiento y de alzar esfuerzos voluntarios, a estimular la producción o provocar ultraje y atrocidades en las líneas enemigas.


De acuerdo con el libro Historia de la Publicidad de Raúl Eguizábal Maza (1998), durante el desarrollo de la guerra se dio un fenómeno conocido como “atrocity propaganda”, es decir, difusión de historias de las "barbaridades" cometidas por el enemigo con el fin de desacreditarlo, independientemente de su veracidad.  

Cuando Estados Unidos se incorpora a la guerra (1917), necesitaron una gran campaña propagandística para convencer a su población de la necesidad de intervenir en el conflicto y al más puro estilo americano, las campañas alcanzaron grandes cifras. Como olvidar el famoso y parodiado cartel de Montgomery Flagg, “I Want YOU for the US Army”, del cual se imprimieron 5 millones de copias.

Tras la guerra, el estilo de la tipografía y los gráficos utilizados en los carteles seguían la moda imperante en todos los aspectos del diseño, desde los trabajos decorativos en estilo victoriano (de ha rey), hasta las torcidas formas del Art Nouveau con Alphonse Mucha, el artista checo, quien  llevó a este estilo a lo más alto, con figuras femeninas rodeadas de formas florales y tipografía que fluye a su alrededor.

El Art Decó entró con toño a la escena Parisina, trayendo de vuelta la decoración a través de sus figuras geométricas, como siempre los carteles se hicieron presentes, y  Adolphe Jean-Marie Mouron  (1901-1968), mejor conocido como Cassandre, representó el espíritu del Art Decó que afectó aquella época, de hecho un gran número de tipografías que aparecieron fueron utilizadas por Cassandre junto a imágenes mecánicas y tridimensionales, dando como resultado carteles icónicos de la edad industrial, como los de los cruceros de Normandie, de Statendam y de Atlantique.

        


En cuanto a la gráfica mexicana, a principios del siglo XX en las ciudades y poblaciones más desarrolladas fue a través de la litografía enriquecida con texto (para quien pudiera leer), como la población podía enterarse de los hechos históricos y cotidianos, se podría decir que la gente estaba acostumbrada a vivir con las imágenes, de ahí la afición por la caricatura política.

Pero el auge del cartel se da desde mediados de los años cuarenta, ya que gracias a su gran alcance (porque antes caminábamos), fueron uno de los recursos de promoción de los variados eventos para las masas de aficionados al cine, al teatro, a los festejos taurinos, a la lucha libre, el box, los bailes, tocadas o audiciones musicales

En la actualidad, el maestro Rafael López Castro  es uno de los máximos exponentes del cartel en nuestro país, su trabajo refleja las luchas, deseos y anhelos; los mitos y cosmologías de un pueblo rico en tradiciones como el nuestro,  por lo que se ha convertido en un referente indiscutible de la cultura visual mexicana.


Y así podríamos seguir hablando de grandes diseñadores que definieron el estilo del cartel en México en los últimos 30 años, nombres como Vicente Rojo, Xavier Bermúdez, Marta León, Gabriela Rodríguez, Alejandro Magallanes y Roció Mireles, entre muchos otros, siguen demostrando que los carteles son sin duda la más prominente representación del diseño grafico, siguen más vivos que nunca, adaptándose como en cada etapa a los cambios que se le presentan, primero comercio, luego guerra, después arte y como lo “viejito” está de moda, pues nos ponemos retro, añorando viejos gustos, viejos juegos, viejos hábitos, cambiando estilos, modas, drogas, religiones, aficiones y por supuesto, la forma de comunicarnos, pero el cartel… el cartel se cocina aparte, es uno de los medios de comunicación más antiguos y cada día se perfila como uno de los últimos.