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Las letras pueden ser “vintaje”, es decir retro, retro, retro… ¿Cápsula del tiempo quizá? ¿O simplemente será que las emociones y los sentimientos en todo momento se encuentran atadas a un recuerdo que nos arrastra al pasado?

Quién sabe, lo cierto es que no todos vivimos sobre el mismo tiempo, cada uno tiene el suyo propio aderezado con su melodía particular y sus propios filtros de colores incluidos (mentira que el flashback real sean en tonalidades sepia y aún más grande la falsedad de que sea en blanco y negro, ¿O acaso la que miente soy yo?

Por Itzel Santos


En fin, lo cierto es que el tiempo siempre está conformado en espiral, por eso a veces parece circular, lo que no todos notan es que por más que se parezca un momento a otro, existe un mínimo detalle que lo hace totalmente distinto, ya lo decía el viejo y sabio  Eráclito “Nadie puede volver a bañarse en las mismas aguas de un río dos veces” y es cierto, puesto que la ubicación geográfica al retornar al lugar  puede ser exactamente la misma, pero en la naturaleza del agua está  fluir y trasmutar, por lo que serán otras aguas las que nos refresquen…

Sin embargo siempre rebeldes los seres humanos buscamos apresar eso que aparentemente no nos ocupa y que sin embargo es la raíz de nuestro penar más grande, el TIEMPO, ya que éste pasa y no perdona a nadie, él se salta normas sociales, socioeconómicas y genéricas, él simplemente transcurre como el agua…

La muestra de querer trascender y romper las barreras que el tiempo nos impone las encontramos  desde los petrograbados de Altamira, pasando por la creación de la fotografía, pues no sólo comunican, ¡¡nooo!! Logran atrapar un instante y sin petrificarlo lo dejan vivo para compartirlo ya sea en un futuro inmediato o lejano.

De esta misma forma las letras  jamás han escapado a ese propósito y sin tanta pretensión son las que mejor lo han conseguido mediante su vertiente menos rigurosa que es la LITERATURA, ya que letra a letra nos hereda una riqueza inigualable conformada por detalles, expresiones y escenariosque hacen de ese pasado ajeno, algo vigente y propio, saciando así nuestros más grandes deseos como generaciones actuales, de poseer una ventana para poder mirar hacia atrás y encontrar un poco de nosotros mismos en otro tiempo distinto al de nuestra existencia, la energía nunca miente y menos la información genética que nos hace tan empáticos con los personajes de otras épocas…

Les dejo algunas recomendaciones literarias, para que se sumerjan en las aguas de sus letras y se apropien de ese instante, espero que los disfruten…

Batallas en el desierto. Este es un breve cuento de los más conocidos y aclamados del recientemente fallecido José Emilio Pacheco (1939-2014), pero no se piense que por corto carece de detalle, pues todo lo contrario, cuando uno se percata es porque se encuentra metido hasta el tuétano en los  años 50´s.

Viendo a mujeres en cafés platicando con las amigas o caminando por la calles con sus atuendos muy a la usanza norte americana de faldas amplias, blusas elegantes con encaje en cuello, guantes de satín, pañoletas envolviéndoles los bucles, zapatillas de tacón de aguja, lentes de pasta para el sol y cigarrillos extra largos y extra finos entre sus dedos bien cuidados.

O viendo cómo pasan uno a uno  por las calles y alrededor de las glorietas los enormes y majestuosos carros Mercuri y Chevrolet impala completos o convertibles en tonos azul cielo o eléctrico, rojos quemado, verdes avispa, para después llegar a casa y subir corriendo las escaleras de edificios de estilo modernista, influidos por los toques particulares de Luis, Barragán, Mario Pani para finalmente abrir la puerta del hogar y entrar corriendo acalorado directito hacia el refrigerador, al que todos los días se le debe meter un “cubote” de hielo para enfriar los alimentos y del cual podemos extraer a nuestro retorno del trabajo o la escuela un “vasote” de agua con frutas de la temporada.

Sí José Emilio Pacheco nos habla de la modernidad, de los juegos al atardecer en parques sin pasto ni pavimento, hechos de tierra; nos habla de una ciudad de México no tan poblada, de los amores prohibidos, de la doble moral de los adultos que todo lo tergiversan y se hunden en explicaciones absurdas.


Otro más es La región más transparente, escrita en 1958 por Carlos fuentes (1928-2012). En esta obra nos habla de México y su cultura, igualmente en los años 50´s, nos describe a  su gente y los retrata tan bien que se nota la observación a detalle del lenguaje  que cada uno utiliza, todos ellos inmersos en un mundo de diversas estratificaciones sociales, que por situaciones no sólo monetarias, sino políticas y hasta religiosas se notaba más que en la actualidad y es el lenguaje es un signo básico que nos define generacionalmente, por ejemplo no es lo mismo estar “en onda” en los años 60´s que estar “IN” en la segunda decena del 2000. De una forma más que amena recorreremos los lugares más insospechados de lo que hoy es nuestra urbe, tan desconocida, que nos parecerá sorprendente que haya existido y es que si de algo se puede jactar la Ciudad de México, sin duda alguna es de modificarse, re inventarse  y ser además de cosmopolita totalmente Kisch y por excelencia Vintage.


No podría omitir, Se está haciendo tarde (final en la laguna),escrita en 1973por José Agustín (1944), una novela colorida en estupefacientes, que nos sumergen en las aguas locas de los 60´s en donde la liberación moral y el romper con cualquier límite impuesto por los sistemas, es el único grito de libertad que tenían los que aún creían en las utopías, sin darse cuenta que ello los arrastraba a otros mundos donde lo único imperdonable es poner límites y donde a veces era complicado salir de los laberintos psicotrópicos que se vislumbraban infinitos y terribles como antojables. Es la otra visión que nos muestra que no todo lo que parece un paraíso termina siéndolo…


Por último en este viaje a lo pasado no tan pasado y más bien con mucha vida por delante tenemos a La canción de Odette,que esuna flashback en donde se recupera lo viejo y se le añade a cualquier noche de farra para salir de la rutina, motivándonos a visitar lugares de mala muerte, sin perder el glamour, para al final (cual sombrero de mago) sacar de esas parrandas momentos inolvidables, aderezados todos ellos de surrealismo y un poquito de alcohol.

Su personaje principal una mujer enigmática que nos narra una historia de desamor, pero no de desamor rosa, sino una historia con bastante carácter que se me antoja como para las mejores divas del cine mexicano post revolucionario, aquellas que rompen con el canon de mujeres abnegadas, cuya imagen bien podría ser la de María Asúnsolo bajando las escaleras, obra pintada en 1935 por David Alfaro Siqueiros (1896-1974); en esta novela escrita por René Avilés Fabila (1940) y publicada por primera vez en 1974, los años 20´s, 30´s, 40´s y 50´s  serán servidos en una misma copa;  un coctel hecho de escenarios tan variopintos como la esencia del tiempo y la vida misma, estilo que seguramente les embriagará desde la primera hasta la última página.


Y para aquellos que gusten por las letras no sólo con sabor,  sino también con olor a viejo, en esta gran urbe  del DF, contamos con paraísos de “libros de ocasión”, en donde a veces podemos encontrar  materiales que están fuera de línea desde hace varios años e incluso ediciones sumamente pasadas y de colección; algunas ubicaciones de estos paraísos del saber y la distracción son: la ya conocida calle de DONCELES  ubicada en el Centro de la ciudad, el CALLEJÓN DE LA CONDESA, ubicado también en el Centro al lado del Palacio de Minería, otros puntos se encuentran CERCA DEL METRO HIDALGO,  LA LAGUNILLA, EL CENTRO DE LA CONDESA, LA AV. MIGUEL ÁNGEL DE QUEVEDO adelante de las librerías normales y EL CENTRO DE COYOACÁN.

Disfruten dela lectura y condiméntenla con lo que les de sabor a su vida cotidiana, no importa sino es de este siglo, que la vida es mentira que tenga una continuidad lineal.